Earvin «Magic» Johnson
Earvin Johnson cerró con un verdadero «broche de oro» su enorme carrera deportiva. El deseo de participar de la historia de los Juegos Olímpicos era más fuerte que su tristeza por ser portador del virus del HIV.
Entonces, tras dejar mudo al mundo entero con la noticia de su enfermedad en 1991 y abandonar la alta competencia al no participar de la temporada de la NBA, Magic se entrenó para cumplir su sueño, rodeado de un verdadero batallón médico que lo controló hasta en el más mínimo detalle.
Claro que su presencia en Barcelona ´92 generó más de una polémica. Su infección con el virus del SIDA hizo que los eventuales rivales de Estados Unidos se quejen ante los organizadores por miedo a protagonizar un choque con el jugador norteamericano, que éste se corte y se infecten con su sangre.
Finalmente, Magic integró el primer «dream team» de la historia de EE.UU. en los Juegos, que tuvo otras ediciones pero seguramente ninguna como ésta. Fue única e irrepetible.
El torneo olímpico de básquet tuvo un claro y apabullante dominio de los norteamericanos, que, además de Magic, contaban con estrellas de la talla de Michael Jordan, Larry Bird, Patrick Ewing, entre otros. Con esos apellidos, las emociones del minicampeonato pasaron por otro lado: saber quien lograría la medalla de plata y la de bronce.
Magic Johnson fue el abanderado de la revolución en el básquet de la NBA. Junto a su amigo Larry Bird, transformó una mediocre y aburrida Liga de básquet estadounidense en una de las maquinarias más rentables del planeta, con el famoso «Show Time» de los años ´80. Y como si fuera poco, ambos protagonizaron duelos históricos en esa década. Magic con los colores de Los Angeles Lakers y Bird, con los de Boston Celtics.
A pesar de cansarse de ganar los anillos que consagran al campeón de la NBA, Johnson quería representar a su país en el acontecimiento deportivo más importante del mundo. Por eso, cuando Magic subió al podio con el resto de sus compañeros para recibir la medalla de oro, no pudo contener la emoción y dejó escapar esas lágrimas que representaban la culminación de sus sueños.
Después de la desgracia, Johnson volvía a ser un hombre feliz. La magia seguía intacta.
