El día del arquero

Son tiempos ajetreados para los arcos de Boca y de River.

Ocurre que mientras en el de colores auriazules aún se ponen en duda las virtudes de Javier García, en la valla millonaria se planteó un lindo problema para el técnico Juan José López.

Con la llegada de Julio César Falcioni a la dirección técnica de Boca, la deducción que más rápido se podía hacer era: viene de Banfield, donde fue campeón por primera vez en la historia del club y donde tuvo a Christian Lucchetti como uno de sus pilares, entonces el Laucha será su arquero titular.

Sin embargo, en una clara demostración de que prioriza lo mejor para el equipo antes que sus gustos y cariños personales, el DT apostó por García, quien había cumplido con creces durante el olvidable fin de torneo del xeneize.

Algunos hinchas, y también algunos medios, todavía le cuestionan al joven arquero aquel gol que «se comió» en la final del triangular del Apertura 2008 ante Tigre, cuando Leandro Lázzaro le ganó en el salto y marcó el 1 a 0 para Tigre.

De poco sirvió que se demostrara que García jugó infiltrado aquel encuentro, que en esa jugada se rompió los aductores, que siguió jugando con lágrimas en los ojos hasta que fue reemplazado por Josué Ayala y que luego estuvo varios meses inactivo, recuperándose. Sólo quedó, en la memoria de los mediocres, el gol «zonzo» que le hizo Lázzaro.

Tampoco importó que es uno de los arqueros que mejor saca de arriba, que ubica la pelota en el pecho del compañero y no la revolea, que tiene unos reflejos increíbles y que sus condiciones fueron premiadas con una citación a la selección argentina «local». Incluso, cuando recuperó la titularidad, nada menos que ante River, en el Monumental y con un Borghi que tambaleaba, el arquerito fue la figura del equipo y sacó al menos tres goles. No. Las limitaciones mentales de algunos (que nunca se pusieron los guantes en sus vidas) sólo se enfocaron en decir que el cabezazo de Maidana de aquella tarde o el inatajable bombazo de Aureliano Torres del sábado pasado eran fáciles.

Bien argentino, se destaca el error o la falla (que se soluciona con trabajo y experiencia) pero se da como lógico el acierto, la virtud, las condiciones innatas, que no se aprenden si no se traen de la cuna o se perfeccionan con el correr de los años.

Algo muy similar le ocurre a Chichizola. El pibe, de 20 años, se vio en la obligación de reemplazar nada menos que a Juan Pablo Carrizo, emblema de River y uno de los mejores arqueros que surgieron de la Argentina en el último lustro, y responsable de que el Millonario tenga al menos 10 puntos más que los que hubiera cosechado en el torneo anterior, si no fuera por las estupendas intervenciones de JP.

De poco sirvió que, después de un par de décadas, Leandro haya logrado mantener la valla invicta en los primeros cuatro partidos de un torneo. A medida que la recuperación de Carrizo se acercaba, las presiones de los medios fueron in crescendo. Que qué hará Jota Jota, que Juan Pablo debe ser titular ante Arsenal, si «Chichi» le entregará la valla invicta a su compañero, que la mar en coche. Tanto hincharon que la última imagen que deja el pibe en el arco del Millo es la del blooper ante Vélez. Perdió de vista la pelota, le rebotó en la zurda de apoyo, se tropezó y se la dejó servida a Silva, que no perdonó y comenzó a definir el partido en favor de Vélez.

«Para ser un gran arquero te tenés que comer al menos 200 goles bobos… pero no todos en el mismo partido», dijo hace muchos años el gran Amadeo Carrizo, frase que replicó (y puso en práctica hasta su último encuentro oficial) otro grande como Hugo Orlando Gatti.

En tiempos donde la juventud cree equivocadamente que hay que nacer sabiendo absolutamente todo y que es un desperdicio de tiempo trabajar y practicar para perfeccionarse (sea en el oficio o en la profesión que sea), desde aquí se hace un manifiesto apoyo tanto a Javier García, que demuestra semana a semana que si quiere puede ser el 1 de Boca durante los próximos 20 años, como a Leandro Chichizola, muy buen proyecto riverplatense, que trabaja diariamente para poder convertirse en el reemplazante natural de Carrizo, cuando a mediados de año, éste deba volver a Lazio.

Y a no hacerse malasangre con los que critican desde el más pachorro de los sillones (de sus casas y/o redacciones): ellos aprenderán a destacar virtudes y a no magnificar errores el día del arquero.

Pablo Lisotto

Nació en la Argentina en 1975. Es Licenciado en Periodismo (TEA 1998). En marzo de 2006 creó www.damepelota.com.ar, por el cual recibió diferentes premios y reconocimientos (por ejemplo, fue invitado a los Juegos Olímpicos de Londres 2012). Actualmente cubre la actualidad de Boca Juniors para la sección Deportes del diario LA NACIÓN. Escribió seis libros: "50 Grandes Momentos de los Juegos Olímpicos", "50 Glorias del deporte olímpico", "50 Grandes Momentos de los Mundiales de fútbol" y "50 Grandes Momentos de la Copa América" (Al Arco, 2012, 2014 y 2015. Se pueden leer gratis en este sitio) y "Hazañas y Leyendas de los Mundiales" (Atlántida, 2014) y "Hazañas y Leyendas de los Juegos Olímpicos" (Atlántida, 2016). A fines de 2012 recibió una Mención Especial de ADEPA, en la categoría Deportes. Es especialista en Olimpismo y en Mundiales de Fútbol.

Un comentario en “El día del arquero

  • el 16 marzo, 2011 a las 20:16
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    Excelente la nota, la verdad es un tema muy serio lo que sufren los arqueros… para mi el puesto mas jodido e indispensable de cualquier equipo.

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