Ben Johnson
Ben Johnson es sinónimo de escándalo. El 26 de agosto de 1988 su permomance en las pistas dejó boquiabierto al mundo. Nadie encontraba el adjetivo adecuado para definir a este presunto portento de la naturaleza: «extraterrestre», «sobrehumano» y «un atleta de otro siglo» fueron algunas de las palabras que se utilizaron para definir su actuación.
Johnson había ridiculizado a su gran rival, Carl Lewis. El canadiense llegó a los últimos 30 metros en cabeza y, cuando todos esperaban la reacción de Lewis, aceleró aún más su ritmo para, literalmente, volar sobre la pista.
Ben era ya el gran héroe de Seúl. Sin embargo, horas más tarde, probaría sus pies de barro ya que saltó a la luz que el velocista se había dopado. La carrera se trasladó entonces a los pasillos del aeropuerto de Seúl donde Johnson esquivó a periodistas y aficionados en su huida hacia Canadá.
El atleta que horas antes había entrado en la historia por la puerta grande salía por la puerta de servicio, luego de estafar a todo el mundo y transformarse en el «malo de la película» en Seúl.
El canadiense nunca más volvió a brillar. Después de cumplir una larga sanción, Johnson intentó el regreso a las pistas, pero ya nunca más volvió a figurar entre los mejores. En Barcelona ´92 no logró clasificarse para la final de 100 metros.
Posteriormente, un análisis antidoping volvió a dar resultado positivo y obligó a las autoridades del atletismo mundial a sancionarlo de por vida, prohibiéndole que vuelva a competir profesionalmente.

