Mundial de Rugby 2007: Quedan 9 días…

El próximo 7 de septiembre se iniciará la quinta Copa Mundial de Rugby de la historia. Y en el primer partido estarán nuestros Pumas enfrentando a Francia que, además de su habitual poderío, juega de local.

Para ir poniéndonos a tono con la expectativa que generan Los Pumas cada vez que juegan (y sobre todo, para los que no somos fanáticos de este deporte, cuando juegan un Mundial), les dejo este texto que me mandó Facundo Delaico, amigo rugbier que cubrirá el campeonato para Dame Pelota.

Espero que les guste.

Cuando era chico no me interesaba el rugby. A pesar de la insistencia de mi padre, quien lo había practicado, yo decididamente prefería el popular y televisivo fútbol La realidad evidenció que no era bueno para el deporte de la redonda y, en consecuencia, fui rechazado en el equipo de mi colegio. En esas circunstancias, casi no me quedó otra opción que –alrededor de los 8 años de edad- probar con el otro deporte que se practicaba en la escuela: el de la “guinda”.

Cerca de treinta años después, me alegra decir que la elección parece no haber sido tan mala ya que el rugby me ha enseñado mucho, y no sólo en el campo de lo deportivo.

El rugby me enseñó que se puede jugar siendo gordo. Que hay un lugar para cada uno y que debemos luchar hasta encontrarlo. También me enseñó que el gordo puede enamorarse del deporte, entrenar, ir al gimnasio, potenciarse, jugar y ganar. Y que puede transformar su supuesta debilidad en una incontenible fortaleza.

Me sorprendió cuando, por primera vez, un compañero tapó mi cabeza con su espalda para impedir que el botín del contrario la pisara. A partir de allí, aprendí y ejercí –como todos- esa práctica que refleja el espíritu de equipo, de amistad y, sobre todo, de lealtad, esencial al rugby.

También me hizo ver que en determinados momentos es necesario bajar la cabeza como un toro, concentrar toda la energía e ir para adelante buscando el in-goal contrario, aún sin saber exactamente las consecuencias de tal decisión.

Me mostró que el juego termina cuando suena el silbato, que se debe abrazar al rival tras la pitada final y disfrutar relajadamente un tercer tiempo de reconciliación con los jugadores del equipo contrario. Me enseñó a construir relaciones fructíferas más allá de las dificultades de corto plazo.

Me hizo saber que el árbitro es sagrado, y que, a pesar del eufórico entusiasmo del juego, las reglas deben ser cumplidas y que las decisiones del referee, independientemente de su pequeño tamaño, deben ser inapelables e indiscutibles.

Me mostró que una espalda ardiendo bajo las duchas del club significa haber dejado todo en la cancha. Que se debe disfrutar de la sensación del deber cumplido, más allá del resultado. Que jugar y dejar todo en la cancha, ya es ganar.

Me enseñó a que la vida es “todo terreno” y que, a veces, nos lleva a jugar en verdes canchas con delicadas pasturas, y otras, en áridas superficies de tierra seca. Que la meta es la misma pero la estrategia, para jugar y triunfar, puede cambiar.

Me hizo comprender que no importa ganar ni perder sino jugar, jugar mucho y divertirse. Que jugando se aprende de los errores, se modifican las estrategias, aumenta la autoestima e indefectiblemente se gana más de lo que se pierde, en este y otros campos de la vida.

Me demostró que es compatible el trabajo duro con la mayor diversión. Que, cuando uno se enamora de lo que hace, pocas barreras pueden frenarlo. Me alentó a celebrar los éxitos, pero también los fracasos, cuando se deja todo en la cancha.

Nuestro rugby es un reflejo de los “buenos viejos tiempos” de la Argentina , cuando éramos un país abierto y atractivo al comercio, a las inversiones y a las personas de todo el mundo. Un resabio de la época en que Gran Bretaña arriesgaba el 65% de las inversiones que realizaba en toda América Latina en este país. Vías férreas, puertos, frigoríficos y por qué no decirlo, el rugby, son algunas de las herencias recibidas. Como un fiel y persistente reflejo de aquel legado, la Argentina es el único país latino que se encuentra –con firmeza y autoridad- entre los 10 mejores equipos del mundo, jugando de igual a igual –y en muchos casos derrotando- a las 5 naciones donde el deporte fue dado a luz.

Faltan pocos días para que comience la Copa Mundial de Rugby Francia 2007.

En medio de este clima de alegría no puedo evitar pensar en cuánta felicidad este deporte ha agregado a mi vida y a la de mi familia. Me enseñó a crecer, a animarme a ir hacia adelante, a tomar riesgo y a sentirme respaldado confiando en mis compañeros, en mis amigos, pero -sobre todo- en mí mismo.

Dedicado a mi viejo,

Julio A. Simonetta (h).

Pablo Lisotto

Nació en la Argentina en 1975. Es Licenciado en Periodismo (TEA 1998). En marzo de 2006 creó www.damepelota.com.ar, por el cual recibió diferentes premios y reconocimientos (por ejemplo, fue invitado a los Juegos Olímpicos de Londres 2012). Actualmente cubre la actualidad de Boca Juniors para la sección Deportes del diario LA NACIÓN. Escribió seis libros: "50 Grandes Momentos de los Juegos Olímpicos", "50 Glorias del deporte olímpico", "50 Grandes Momentos de los Mundiales de fútbol" y "50 Grandes Momentos de la Copa América" (Al Arco, 2012, 2014 y 2015. Se pueden leer gratis en este sitio) y "Hazañas y Leyendas de los Mundiales" (Atlántida, 2014) y "Hazañas y Leyendas de los Juegos Olímpicos" (Atlántida, 2016). A fines de 2012 recibió una Mención Especial de ADEPA, en la categoría Deportes. Es especialista en Olimpismo y en Mundiales de Fútbol.

Un comentario en «Mundial de Rugby 2007: Quedan 9 días…»

  • el 30 agosto, 2007 a las 21:16
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    Al no tener peso específico la UAR, en los mundiales siempre nos tocan zonas complicadas, y ni hablemos de los arbitrajes.

    Saludos!

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