Delfo Cabrera
Cabrera había nacido el 2 de abril de 1919. Con apenas trece años, comenzó a pensar en la hazaña tras ver a otro argentino, Juan Carlos Zabala, ganar el maratón olímpico. Delfo se dijo a sí mismo: «yo también puedo». Y se puso en marcha. Al año siguiente debutó en el atletismo en la «Vuelta de Armstrong», donde salió segundo.
Para 1938 ya había participado en numerosas carreras de fondo. En una reunión realizada en Rosario conoció a Francisco Mura (preparador de los atletas de San Lorenzo), quien lo invitó a viajar a Capital Federal.
En 1941 y 1942 fue campeón nacional en 3000 y 5000 metros. Un año después, en una competencia en Montevideo, conoció a un oficial del Cuerpo de Bomberos de Buenos Aires, quien lo recomendó para que entrenara allí y formase parte del Cuerpo Activo.
En 1946 fue campeón nacional en 10.000 metros y, un año más tarde se consagró subcampeón nacional y sudamericano en 10.000 metros. Cuando llega la clasificación para aspirar a la delegación argentina en los Juegos Olímpicos de Londres, sufrió un accidente; pero sus antecedentes aseguraron su inclusión.
Y luego llegó el 7 de agosto de 1948, día en que se realizó la prueba atlética de mayor esfuerzo: el maratón. En la salida del estadio de Wembley, Cabrera estaba entre los últimos. Después fue avanzando, a medida que pasaban los metros. Al volver al estadio, entró en la segunda posición, detrás del belga Ettiene Gailly. Faltando una vuelta a la pista lo superó y cortó la cinta con el dulce sabor de saberse ganador de la medalla de oro.
Según el cartel electrónico, «Delfio Cabrora» era el ganador de la prueba. La emoción del argentino pudo más que los errores ortográficos. Lo había logrado.
