A 40 años de la masacre de Munich

Fue el acontecimiento más triste de la historia de los Juegos Olímpicos. Sucedió el 5 de septiembre de 1972 en suelo germano, y dejó un saldo de once atletas israelíes muertos; y de cinco de los ocho terroristas que planearon el ataque y de un oficial de la policía alemana, muertos. Se la conoce como La Masacre de Munich.

Hasta aquel momento que cambiaría para siempre la historia olím¬pica, la ciudad alemana vivía una gran fiesta del deporte. El sábado 26 de agosto se había realizado la ceremonia inaugural y todo transcurría con normalidad.

Incluso, se produjeron grandes hechos deportivos. El hasta ahí ignoto atleta finlandés Lasse Virén se consagraba en los 5.000 y 10.000 metros, y en ambos establecía un nuevo récord mundial; y en la natación había un estadounidense que acaparaba todos los flas¬hes y se encaminaba día a día a la gloria: Mark Spitz. El Albatros alcanzó su séptima medalla de oro, récord fantástico, el 4 de septiembre. Un día después, todo cambió.

En la noche de aquel lunes, los atletas israelíes habían paseado por la ciudad, disfrutando de una de las pocas salidas que les permitía el ritmo de los juegos. Volvieron a la villa a la madrugada.

Poco antes de las 5, ocho miembros de un grupo terrorista palestino denominado Septiembre Negro, trepó la verja de dos metros que separaba a la villa del resto de la ciudad. Vestían ropa deportiva y unos bolsos. Un grupo de atletas estadounidenses los vio y, pensando que eran colegas de otros países que se habían escapado para divertirse en el centro de Munich, les dio una mano y los ayudó a entrar a la villa. Jamás sospecharon que en los bolsos tenían revólveres y granadas.

El primero que escuchó algo extraño fue el entrenador del equipo israelí de lucha, Moshé Weinberg, de 33 años. Oyó que detrás de la puerta había alguien y, sin pensarlo dos veces, se abalanzó hacia ella para intentar cerrarla antes de que el intruso lograra ingresar. Su rápida intervención y su grito de alerta les salvaron la vida a casi una docena de deportistas, que escaparon, y a otros tantos que se escondieron, sin entender qué estaba ocurriendo.

Joseph Romano, un levantador de pesas de origen libio que justo en ese instante regresaba de cenar, fue el primero en morir. El israelí forcejeó con uno de los atacantes, pero en la pelea recibió un disparo. El segundo fue el propio Moshé, acribillado cuando intentaba atacar a los terroristas con un cuchillo.

Como notaron que el plan se estaba complicando, los palestinos secuestraron a nueve integrantes del equipo: David Berger, Ze’ev Friedman, Joseph Gottfreund, Eliezer Halfin, Andre Spitzer, Amit¬zur Shapira, Kehat Shorr, Mark Slavin y Yakov Springer.

El paso siguiente de los terroristas fue explicarle al mundo, que veía todo por TV, quiénes eran. Todos supieron entonces que eran guerrilleros palestinos de los campos de refugiados del Líbano, Siria y Jordania. Eran Luttif Afif (jefe del grupo, tenía dos hermanos presos en calabozos israelíes), Yasuf Nasal, Afif Abmed Hamid, Khalid Jawad, Ahmed Chic Thaa, Mohammed Safady, Adnan Al-Gashey y su sobrino Jamal Al-Gashey.

Luego, le plantearon sus reglas a la policía alemana, que para entonces ya había copado la villa olímpica. Exigieron la liberación de 234 palestinos presos en cárceles de Israel, más dos que estaban tras las rejas en Alemania, y un avión que los depositara en algún lugar seguro de Egipto. Si tres horas después no cumplían con lo solicita¬do, matarían a los rehenes.

Israel no demoró en responder que no negociarían bajo ninguna circunstancia. Mientras, las autoridades alemanas rechazaban que un grupo de fuerzas especiales israelíes viajara a Munich. El conflicto de Oriente Medio copaba la escena olímpica.

Finalmente, las autoridades alemanas fingieron negociar con los terroristas y cerca de las 22, dos helicópteros sacaron a los palestinos de la villa y los trasladaron, junto con sus rehenes, a una base aérea cercana a Fürstenfeldbruck, donde un Boeing 727 de Lufthansa llevaría a los secuestradores a El Cairo.

En tanto, el plan para rescatar a los atletas había incluido una apresurada selección de francotiradores. En la carrera contrarreloj, de los cinco elegidos ninguno era especialista en ese tipo de acciones.

Ya en la pista, dos terroristas bajaron de los helicópteros e ingresaron al avión. Luego, otros dos hicieron lo mismo, pero llevando consigo a dos rehenes maniatados. Cuando los palestinos descubrieron que el avión estaba vacío, ya era tarde. Quisieron volver a los helicópteros y comenzó el trágico final de una trágica jornada.

Pese a que eran más de las 23, el aeropuerto se hizo de día, entre bengalas, focos y la lluvia de balas que comenzaron a salir de todos lados. Los cinco tiradores no tenían instrumentos como para comunicarse entre sí, con lo cual cada uno hacía lo que le parecía mejor. Nadie los coordinaba. Para colmo, los rifles no tenían mira telescópica ni dispositivos de visión nocturna. Era como disparar con los ojos vendados.

La balacera descontrolada mató a dos secuestradores. Otros tres palestinos se escondieron detrás de uno de los helicópteros y empezó a devolver “gentilezas”. Uno de los proyectiles mató a uno de los policías que estaba en la torre de control. Los pilotos del segundo helicóptero se escaparon, pero en el otro, los rehenes, aún atados dentro de la nave, no corrieron la misma suerte.

Cerca de la medianoche, los terroristas fueron obligados a rendirse, pero unos pocos minutos después arrojaron una granada adentro del primer helicóptero, donde estaban los cuatro israelíes, que mu¬rieron junto a uno de los pilotos en la explosión. Antes de que el fuego del primer helicóptero alcanzara el tanque de nafta del segundo, el jefe Luttif Afif y otro de sus secuaces salieron del aparato a los tiros contra la policía, que finalmente los mató. Los rehenes del segundo helicóptero también fueron asesinados, mientras que los tres terroristas que sobrevivieron fueron capturados y encarcelados.

El entonces presidente del Comité Olímpico Internacional, Avery Brundage, determinó, junto a otros miembros, que los Juegos debían continuar, amparándose en que un grupo de terroristas no podía condicionar la celebración olímpica. El anuncio desató una polémica.

El 6 de septiembre se realizó en el estadio de Munich un homenaje a los muertos, ante la presencia de 80.000 espectadores y 3.000 atletas. Para agregar más condimentos a la llamativa decisión de seguir adelante con el show, Brundage evitó nombrar a los malogrados israelíes en su discurso.

Durante el acto, la bandera olímpica se izó a media asta, al igual que casi todos los emblemas de los países participantes. Los únicos que se negaron fueron los países árabes, que consideraban esa actitud como un gesto de rendición frente a Israel. Los atletas israelíes abandonaron Munich el mismo 5 de septiembre, y a los dos días los acompañaron sus colegas de Egipto, Siria y Kuwait.

En otra inexplicable decisión, los dirigentes del COI rechazaron un pedido especial de los familiares de las víctimas, que solicitaron la construcción de un monumento para recordar aquel terrible momento.

El hecho, tan trágico como cinematográfico, fue motivo de diversas series y de películas, entre las que se destacaron Munich (Estados Unidos, 2005), de Steven Spielberg, y Un día en septiembre (Australia, 1999), dirigida por el escocés Kevin Macdonald y que fuera ganadora del Oscar a la mejor película documental de ese año.

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Este texto forma parte del libro “50 Grandes Momentos de los Juegos Olímpicos”, editado por Ediciones Al Arco y distribuído por el Ministerio de Educación de manera gratuita en las escuelas públicas de la Argentina. Además, se puede descargar o leer online en www.damepelota.com.ar

Pablo Lisotto

Nació en la Argentina en 1975. Es Licenciado en Periodismo (TEA 1998). En marzo de 2006 creó www.damepelota.com.ar, por el cual recibió diferentes premios y reconocimientos (por ejemplo, fue invitado a los Juegos Olímpicos de Londres 2012). Actualmente cubre la actualidad de Boca Juniors para la sección Deportes del diario LA NACIÓN. Escribió seis libros: "50 Grandes Momentos de los Juegos Olímpicos", "50 Glorias del deporte olímpico", "50 Grandes Momentos de los Mundiales de fútbol" y "50 Grandes Momentos de la Copa América" (Al Arco, 2012, 2014 y 2015. Se pueden leer gratis en este sitio) y "Hazañas y Leyendas de los Mundiales" (Atlántida, 2014) y "Hazañas y Leyendas de los Juegos Olímpicos" (Atlántida, 2016). A fines de 2012 recibió una Mención Especial de ADEPA, en la categoría Deportes. Es especialista en Olimpismo y en Mundiales de Fútbol.

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