Cansancio moral

Provoca cansancio moral cada protesta de los hinchas cuando sus equipos pierden y, como contrapartida, el silencio y la complicidad en tiempos deportivamente exitosos, para considerar los mismos defectos, idéntico nivel de corrupción, en ambas etapas.

En estos días, un intelectual destacado advertía desde la portada de un diario que no importa el nivel de adulteración moral de un gobierno cuando la percepción de la economía es positiva. Es la derrota ilevantable que dejaron los 90. Un daño moral acaso irreversible, un cambio cultural que asombra a quienes se educaron en los 60, cuando la frase “pobre pero honesto” era la forma de golpearse el pecho de nuestros padres.

Es innegable que el fútbol se ha prestado como campo fértil para acumular fortunas para varios dirigentes. Y que, como sucede en los terrenos más amplios de la economía nacional, la mirada de los hinchas es condescendiente si hay triunfos deportivos. Como si en un teatro la luz del reflector se ocupara del éxito como de la estrella del espectáculo, dejando en penumbras todo lo demás, la podredumbre es apenas una sombra.

Está allí. Los espectadores lo saben. Aquellos que no entran en el cono de luz de la mirada pública advierten que los espectadores en la platea saben quiénes son y que están robando. Es el juego de la simulación: unos simulan que no ven; los otros, que no están.

Cuando de pronto, el seguidor va hacia la contracara de la victoria, a ese personaje más digno muchas veces pero siempre despreciado, cuando la luz envuelve la derrota, las otras sombras cobran vida. Entonces, los espectadores simulan tomar conciencia de la amplitud del decorado, la escenografía se hace nítida y los sobornables se asustan de la luz como los que salen de un túnel. Cada cual elige su disfraz. Unos se enmascaran de inocentes, y los otros de jueces muy severos. Unos se indignan detrás de frases como “nunca hubo un hombre más honesto que yo”.

Está de moda sacudir los cimientos de algunos clubes. Sin embargo, nadie puede creer en esos embaucadores, a los que filma con su ardiente morbo la televisión. ¿Dónde estaban cuando los hechos eran los que ahora denuncian? ¿Aspirando a qué vuelta olímpica fue que se desentendieron de la ahora ponderada honestidad?

Sólo los violadores son más repugnantes que los hombres públicos corruptos, de los gobiernos, o del fútbol, o donde sea que se destacan en la vida de la sociedad. Pero echar luz sobre ellos, porque no se ganan algunos partidos, no elogia el pundonor de esos coléricos, desenfrenados visitantes de los domingos a la caída del sol.

Si hay tercerizaciones innecesarias, urdidas con el evidente propósito de robar, si un negocio aterriza, no se sabe por qué, en las Islas Vírgenes Británicas, o en Inglaterra y Groenlandia, se cobran ganancias escandalosas, si las entradas preferenciales que da la FIFA en los mundiales adoban las paredes de grandes hoteles y edificios; si ése es el modo de operar, no fue la semana pasada que empezaron. Cuando ciertos directivos ofrecen el patrimonio del club por cifras que el mínimo conocimiento del mercado descalifica, es en esos días que hay que aparecer en los playones.

Cuando venden a la televisión mezclando los miedos de unos y la incapacidad de otros con los sobres que los más vivos reciben por debajo de la mesa, hay que hacerles saber que hay más luz de lo que ellos piensan sobre la escena del crimen. Aunque haya que luchar con que los juicios del fútbol terminen en la misma cámara de la Justicia, y los que ponen cámaras ocultas sobre sus enemigos tengan la fortuna, tantas veces, de probar que los jueces que alguna vez nos ilusionaron eran ratas de caño.

Y aunque sea muy poderoso el periodismo que dirige la comedia, algo hay que hacer para que los filósofos eviten el ridículo señalando lo que usted menciona con otras palabras. El intelectual dice que la percepción de un buen momento de la economía debilita el desprecio por la corrupción. Usted dice que, si ganan, a los chorros no les pasa nada. Diferencias de estilo, pero la misma imagen de la realidad.

Víctor Hugo Morales
Diario Perfil
27 de mayo de 2007

Pablo Lisotto

Nació en la Argentina en 1975. Es Licenciado en Periodismo (TEA 1998). En marzo de 2006 creó www.damepelota.com.ar, por el cual recibió diferentes premios y reconocimientos (por ejemplo, fue invitado a los Juegos Olímpicos de Londres 2012). Actualmente cubre la actualidad de Boca Juniors para la sección Deportes del diario LA NACIÓN. Escribió seis libros: "50 Grandes Momentos de los Juegos Olímpicos", "50 Glorias del deporte olímpico", "50 Grandes Momentos de los Mundiales de fútbol" y "50 Grandes Momentos de la Copa América" (Al Arco, 2012, 2014 y 2015. Se pueden leer gratis en este sitio) y "Hazañas y Leyendas de los Mundiales" (Atlántida, 2014) y "Hazañas y Leyendas de los Juegos Olímpicos" (Atlántida, 2016). A fines de 2012 recibió una Mención Especial de ADEPA, en la categoría Deportes. Es especialista en Olimpismo y en Mundiales de Fútbol.

Un comentario en “Cansancio moral

  • el 30 mayo, 2007 a las 18:02
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    Muy interesante lo de don Morales, como casi siempre. El hombre es inteligente. Pero siempre que lo leo o escucho me pregunto cosas que no atino a responderme, acaso porque soy un tarado. Mas berreta que nunca, opino, por ejemplo: hacer campaña a favor de Gámez (no de Vélez, no nos engañemos) en Continental, como si un se dice que ex barrabrava devenido sucesor (de facto, porque todos van hacia él en vez de consultar al auténtico máximo dirigente velezano, pero creo que apenas es un Vicepresidente 3º) nada menos que del gran Amalfitani fuera mejor que la innegable sabiduría futbolística de esa -dicen las malas lenguas enemigas suyas- criatura de Mario Puzo y Francis Ford Coppola llamada Julio Humberto Grondona, ¿qué arancel tiene? ¿Es algo que se hará gratis? ¿Estaré pensando mal de puro exitista tolerante con la corrupción? Porque, para usar un giro idiomático muy común en algunas columnas orales de don Víctor Hugo, «si nos quiere convencer de la sinceridad de sus dichos, hombre, pues compórtese como para que le creamos». No todos los dobles discursos son de dirigentes de River Plate, tu grato nombre, derrotado o perdedor. Ni todos los acomodaticios a las circunstancias están tan lejos de uno mismo.

    Digo yo, un sinvergüenza anónimo que con ciertos personajes periodísticos soy un tanto irreverente.

    Y añado: el problema no es que haya corruptos y que estén organizados para zafar. En Alemania o Inglaterra los políticos son todavía más corruptos que los nuestros, porque hay más guita y prestigio para repartir, y la rosaca es centenaria. Tiene inmejorable prensa hacer para el que le paga el sueldo al formador de opinión lo que a un rival comercial del corrupto le costaría todo tipo de desprestigios inducidos desde la prensa. Ni hablemos de lo que a veces pasa en el fútbol de esos países (a propósito: nuestros inteligentes aplicados al fóbal deberían repasar el modelo alemán de clubes-sociedades deportivas, muy superior al corrupto modelo español que admiran entre otros los dirigentes de Blanquiceleste S.A.). Porque no sólo los tanos arrreglarán campeonatos. Pero, volviendo al asunto, es cierto que acá han conseguido complicidad de la opinión pública. Que la forma el periodismo. Y aquí vuelvo, girando en redondo, a mi perplejidad al cotejar este artículo de VHM con su entusiasta campaña pro-Pistola. Es un importante hombre de prensa al que jamás termino de entender. Tiene sentido de la oportunidad y sabe dirigirse a cierto público. Puedo ser injusto, acaso, pero, sin dejar de reconocerle que oportunamente su llegada a este lado del charco trajo unos aires frescos a su profesión, ¿sabés que nunca termino de creerle al personaje Víctor Hugo? Si la culpa la tienen los otros, o todos, al final la culpa es de ninguno. Y las soluciones no se ven por ningún lado.

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