Hace historia a lo grande
El argentino Emanuel Ginóbili se consagró campeón de la NBA por tercera vez en su excepcional carrera, como en 2003, cuando era apenas un novato, y como en 2005, cuando literalmente la descosió.
En este 2007 jugó en muy buen nivel durante toda la temporada, y fue fundamental en los playoffs, más allá del olvidable desempeño en la tercera final ante los Cleveland Cavaliers.
Sorprende que los Spurs hayan «barrido» 4 a 0 a su rival. No porque no puedan hacerlo, sino porque en los Cavs juega uno de los mejores jugadores estadounidenses de la actualidad: LeBron James. Sin embargo, poco pudo hacer ante la garra y la determinación con que Manu, Tim Duncan, Tony Parker y el enorme Fabricio Oberto, decisivo en el último partido, encararon esta serie.
De la mano del apasionado Greg Popovich, el conjunto de San Antonio alzó su cuarto trofeo de la NBA, cumpliendo el objetivo que se programaron a inicios de temporada, cuando le pidieron a Gino que renuncie por unos meses a la Selección Argentina, a fin de mentalizarlo de lleno a ganar el campeonato.
San Antonio se encamina a convertirse uno de los grandes equipos de la historia de la NBA. Y Ginóbili y Oberto le aportan la cuota argentina que, al menos para mi, enorgullece.

Al igual que en 2005, nos quedó el sabor amargo de que Gino no reciba el MVP (premio al jugador más valioso de la final), que esta vez quedó en manos de Tony Parker. Pero eso es sóllo algo anecdótico, que puede conseguir la próxima vez.
Si no lo leyeron, les recomiendo que se compren y lean Mundo Manu.

Le Bron James no es para nada «uno de los mejores jugadores estadounidenses de la actualidad». Es un invento de la prensa yanqui, eso sí. Ni sucesor de Jordan (¡sacrilegio!) ni mucho menos. En el fútbol sería uno de esos calesiteros de potrero que quieren ganar el partido ellos solos. Y en el basquet siempre gana el que juega en equipo. Apuntes de ocasión: no sólo Duncan es un jugadorazo minusvaluado por la gilada, sino que algunos ‘segunda guitarra’ de los Spurs, como el base suplente Vaughn (menos genial pero más sereno y previsible para sus compañeros) o el especialista en marcas personales Bowen, o el mismo Oberto, permiten rotar a los jugadores manteniendo una solidez de conjunto que los Cavaliers no tienen ni por asomo. Clasificaron para la final porque son un equipo barullero, que le enreda el partido al contrario y lo obliga a jugar para que James se luzca en el uno contra uno. Eso le hicieron a la patética versión 2007 de Detroit, formación en la que hay tres tipos que se creen que son los dueños del supuesto equipo y no le pasan la pelota jamás a los segunda guitarra (que le pregunten a Delfino, sin ir más lejos, si sus compañeros jugaban con él, habilitándolo como Duncan o Parker hacen con Oberto o Elson). Pero con un equipazo como los Spurs eso no sirve: hay que ganarles jugando al básquet, y si no pudieron Nash & Cía, menos iba a poder Cleveland, pese al esfuerzo de los bomb…, digo árbitros, por darles ocasiones de acercarse en el marcador, que iban desaprovechando una tras otra.
Popovich es el Griguol texano, o lo parece (los Spurs me recuerdan al Ferro de 1981 😉 )
claro que enorgullece, mas sabiendo que no es que simplemente «estan» en el equipo, sino que son artifices de lo logrado