Lionel Messi no existe

Messi10_Barcelona2014

Por Manuel Jabois *

En los últimos 10 años el principal entretenimiento de los rivales del Barcelona ha sido parar a Leo Messi. De este modo se creía que neutralizando a la estrella, se neutralizaría al Barça. Como en una guerrilla retirada a los montes y repleta de complicidades entre clubes que antes no se podían ni ver, empezó a circular entre la oposición una jerga propia, un idioma creado a la sombra de Messi. Como si la tarea de derrumbar la estatua más pequeña y poderosa del Barcelona llegase a exigir una sintaxis específica, una reordenación gramatical. Se asociaron así a Messi palabras que estaban en desuso, otras completamente nuevas y dibujos, cartografías y planos del rival en los que las flechas no tenían orden ni concierto; enrevesados jeroglíficos llenos de tácticas queMourinho resolvió un día, exhausto ante semejante batiburrillo, subiendo a Pepe al centro del campo como poniendo a Kurtz en mitad del río. Ese movimiento antisocial que produjo escandalera se llamó trivote, pero entre los conspiradores europeos se dio cuenta de otra palabra: la jaula.

La jaula en realidad funcionaba a duras penas. En los días más oscuros los rivales del Barcelona parecían parar a Messi, sacarlo del campo o del juego, y al ir a buscarlo para enseñar su cabeza (un dictador depuesto exige pruebas concluyentes) se encontraban con que no estaba. No porque no hubiese salido del vestuario, sino porque el espectro se había evaporado como parte de un sacrificio tribal. «¡Conseguimos frenar a Messi!», gritaban al llegar al vestuario. «¿Y cómo fue?». «4-0, perdimos». Sólo entonces empezó a entenderse el secreto del Barcelona: Messi no existía. Era la culminación de un sueño, un intangible sólo palpable a través del juego que instaló el Barça en el campo: su chica de la tarta. Si lo anulaban daba igual, porque se perdían tres marcadores apresando aire. Si no lo anulaban, emergía en un estropicio de cadenas, sustos y horrores.

Encontraba los espacios por la velocidad del juego de sus medios: cuando era mucha, se regodeaba como puerco en el fango; cuando era poca, la aceleraba él mismo para encontrar dos o tres gateras cerca del área. Messi era en el Barcelona el sol sobre el que orbitaban los planetas hechos a imagen y semejanza en La Masía. Fue el mejor porque había un mundo que iluminar, y cuando ese mundo desaparecía, como en Argentina, o empezó a envejecer y a enquistarse en un tic de la posesión que no tenía otra obsesión que hinchar porcentajes, Messi dejó de ser Messi y empezó a ser real. No por su culpa, sino porque el Barça dejó de ser el Barça.

En Valencia, si uno dedicaba minutos sólo a fijarse en Messi, comprobaba que no había rastro de la velocidad virgen con la que acaparaba el partido ni destellos del presagio que todo lo llenaba cuando agarraba el balón. Deambulaba siempre rodeado, con alguien siempre a menos de dos metros de él. Lo curioso es que no eran blancos, sino azulgranas. Y cada pase inútil amontonado sin daño, cada compañero quieto al borde del área esperando a Godot, hacía carne al 10, insinuaba sus formas hasta que cualquiera, en el campo, podía señalar su posición sin dificultad o adivinar sus movimientos. Después de tantos años, un equipo ha conseguido enjaular a Messi: el Barça.

* Publicado en el diario español El Mundo

Pablo Lisotto

Nació en la Argentina en 1975. Es Licenciado en Periodismo (TEA 1998). En marzo de 2006 creó www.damepelota.com.ar, por el cual recibió diferentes premios y reconocimientos (por ejemplo, fue invitado a los Juegos Olímpicos de Londres 2012). Actualmente cubre la actualidad de Boca Juniors para la sección Deportes del diario LA NACIÓN. Escribió seis libros: "50 Grandes Momentos de los Juegos Olímpicos", "50 Glorias del deporte olímpico", "50 Grandes Momentos de los Mundiales de fútbol" y "50 Grandes Momentos de la Copa América" (Al Arco, 2012, 2014 y 2015. Se pueden leer gratis en este sitio) y "Hazañas y Leyendas de los Mundiales" (Atlántida, 2014) y "Hazañas y Leyendas de los Juegos Olímpicos" (Atlántida, 2016). A fines de 2012 recibió una Mención Especial de ADEPA, en la categoría Deportes. Es especialista en Olimpismo y en Mundiales de Fútbol.