Vi a Dios en Devoto

Por el colega Rodrigo Arias, quien también es maestro y está cursando un Posgrado en Educación y Nuevas Tecnologías.

Siempre que tomaba un taxi o algún remise para volver a mi casa de Devoto, me hacían las mismas preguntas: “¿Sos de Devoto?, ¿Me podés guiar?”. “Sí”, contestaba. Generalmente, el intrincado laberinto de sus cuadras era un obstáculo para la gran mayoría de los conductores. Pasados unos minutos, venía la siguiente pregunta: “¿Vivís cerca de la casa de …?, “ ¿Lo viste alguna vez?”. Por ese entonces, tenía 22 años. Confieso que durante ese tiempo, nunca lo había visto. Ni siquiera a su sombra.
Hasta que un viernes, un amigo, “Dani”, me pasó a buscar con su moto para ir tomar unas cervezas. No se por qué, creo que por algún capricho del destino, cambiamos el recorrido que hacíamos habitualmente por la calle Pedro Morán.
Esa vez, fuimos por Habana. Cuando estábamos por llegar a la intersección con Segurola, vi que “una zurda” inconfundible se bajó de una 4 x 4. Enseguida la reconocí. Era una zurda ingeniosa, atrevida e hiriente; era aquella zurda que había agrietado a las defensas más rígidas.
Fue tan rápido y tan preciso el recorrido entre la camioneta y la puerta del edifico de Habana al 4310, como aquel tranco del gol a los ingleses. Cada paso, cada movimiento de su cintura, cada avance era un calco de aquella magnífica obra. Fue como un clip.
Todavía recuerdo que, eufórico, le dije a “Dani”, “Es…”. “Quién… qué pasó”, me contestó preocupado porque llegábamos tarde al lugar donde “parábamos”, el viejo bar Nastase (en homenaje al gran Ilie, otro desfachatado del deporte). Pensé en arrojarme de la moto en ese mismo instante, aunque ese arrebato de locura me significara un golpe. Pensé en decirle a “Dani”, “Pará, frená, por favor”.
Pensé en darle lo que tenía puesto: mi camiseta del Barcelona, aquella que usaba en ocasiones especiales para que no se deteriorara. Pensé en decirle que…Pero desistí. Su sola presencia, obnubiló todos los mecanismos de mi razón.Pensé que a Dios no puedo decirle nada.
Sólo contemplarlo. Admirarlo tranquilamente.

Pablo Lisotto

Nació en la Argentina en 1975. Es Licenciado en Periodismo (TEA 1998). En marzo de 2006 creó www.damepelota.com.ar, por el cual recibió diferentes premios y reconocimientos (por ejemplo, fue invitado a los Juegos Olímpicos de Londres 2012). Actualmente cubre la actualidad de Boca Juniors para la sección Deportes del diario LA NACIÓN. Escribió seis libros: "50 Grandes Momentos de los Juegos Olímpicos", "50 Glorias del deporte olímpico", "50 Grandes Momentos de los Mundiales de fútbol" y "50 Grandes Momentos de la Copa América" (Al Arco, 2012, 2014 y 2015. Se pueden leer gratis en este sitio) y "Hazañas y Leyendas de los Mundiales" (Atlántida, 2014) y "Hazañas y Leyendas de los Juegos Olímpicos" (Atlántida, 2016). A fines de 2012 recibió una Mención Especial de ADEPA, en la categoría Deportes. Es especialista en Olimpismo y en Mundiales de Fútbol.

3 comentarios en “Vi a Dios en Devoto

  • el 5 mayo, 2006 a las 21:06
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    Yo quiero publicar una nota. Vi a Ricardo Darín, que también juega al fulbo y es amigo de Maradona, en el patio de comidas de Alto Palermo. ¿Vale?. Mamma mía, o mejor dicho «OH Mamma Maradona».

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  • el 5 mayo, 2006 a las 11:06
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    En mi opinión te tendrías que haber tirado de la moto….., tal vez podrías decir «me cortaron las piernas». Saludos a Dalma, Ganinna y Sinagra.

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  • el 3 mayo, 2006 a las 0:36
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    Rodrigo, usted que es una persona seria, me podría decir hasta cuándo vamos a tener que escuchar que a Diego se lo llame Dios o se lo pontifique?. «La noche de Dios, en la noche del Diez», «La mano de Dios», «Santa Maradona», me hubiera gustado más que su nota se titulara: Vi al Diego en Devoto y casi me caigo de la moto.

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