George Foreman

Aún cuando algunos deportistas levantaron puños enguantados en negro o portaron boinas negras a la hora de recibir su galardón, en el Arena México, donde se disputaron las pruebas de boxeo, hubo un atleta de color que prefirió hacer gala de su patriotismo.
Tal vez consciente de que cualquier alusión al «Black Power» podía negarle el brillante camino que se le auguraba dentro del profesionalismo, George Foreman, una aplanadora humana que había destrozado a todos sus rivales en las eliminatorias de la categoría de los pesos pesados, decidió no ser de la partida.
Cuatro años antes lo había precedido Joe Frazier en el podio de la categoría máxima. Foreman hizo bien los pronósticos y mantuvo la racha de triunfos estadounidenses en pugilismo. En la final, el boxeador destrozó al soviético Jonas Schepulis, ganando la medalla de oro. Apenas se quitó los guantes, para recibir del juez árbitro el veredicto de ganador, tomó una pequeña bandera de Estados Unidos y la ondeó, con la cabeza gacha y con la mirada puesta en la lona del cuadrilátero.
Una vez iniciada su carrera como profesional, Foreman tropezó con algunos de los mejores boxeadores de la historia, como Cassius Clay, campeón olímpico de los semipesados en Roma ´60, y Joe Frazier, campeón olímpico de los pesados en Tokio ´64. Es por eso que su actividad fue ardua y difícil, pero supo sacarle jugo a su gran oportunidad, que le llegó el 22 de enero de 1973.
El lugar fue la capital de Jamaica, Kingston, y su rival, el poderoso Joe Frazier, que contaba ya en su historial con una victoria sobre el intocable Clay (en 1971). Foreman ganó contra el pronóstico general y muchos anunciaron inmediatamente que su reinado sería todo lo estable que no fue el de Clay y todo lo duradero que se había vaticinado al de Frazier.
En plena gloria, Foreman no dudó en aceptar el gran reto: una pelea con Clay, que apuntaba a convertirse en el segundo púgil de la historia en reconquistar el título de campeón del mundo.
El popular organizador Don King armó la velada, que tuvo lugar en otro exótico lugar: Kinshasa, la capital de Zaire, en pleno corazón de África, en 1974. En esta ocasión, Foreman no pudo resistir la implacable fortaleza de su rival, que le propinó una extraordinaria paliza. El campeón olímpico de Roma pudo con el de México.
Tras retirarse temporalmente del boxeo, George Foreman regresó con más de 40 años. Y si bien jamás será el que fue, siempre es un placer ver esa leyenda viviente sobre un cuadrilátero.
