Historias olímpicas: La prueba máxima

Este texto forma parte del libro «50 Grandes Momentos de los Juegos Olímpicos«, publicado en 2012 por Ediciones Al Arco, y auspiciado y repartido de manera gratuita por el Ministerio de Educación de la Nación en las escuelas primarias públicas. También podés leerlo online haciendo clic aquí.

Filipides_Maraton

De todos los deportes y disciplinas que formaron parte de los Juegos Olímpicos a lo largo de la historia, hay uno que desde un primer momento se convirtió en “la madre de todas las pruebas”: la maratón, instaurada por el Barón Pierre de Coubertin, gracias a la recomendación de su amigo, el investigador francés Michel Breal, quien propuso homenajear de esa forma la epopeya del soldado griego Filípides, héroe del primero de los tres enfrentamientos entre algunas ciudades griegas y los persas, durante las llamadas Guerras médicas, en el siglo V antes de Cristo.

Cuenta la leyenda que durante la guerra de Maratón, realizada en la llanura que lleva ese nombre, las mujeres de los guerreros griegos aguardaban con ansiedad las noticias sobre lo que sucedía en el frente de batalla. Aquella información era crucial para sus vidas, puesto que si ellos ganaban no habría problema, pero si perdían, los enemigos persas habían jurado avanzar hacia Atenas y, una vez allí, saquear la ciudad, violar a las mujeres y sacrificar a los niños.

Enterados de esto, antes de partir al combate los guerreros griegos les dijeron a sus mujeres que si no recibían la noticia de que habían sido los vencedores antes de las veinticuatro horas, en coincidencia con la puesta del sol, fueran ellas mismas quienes mataran a sus hijos y se suicidaran a continuación, para evitar la humillación de los persas.

Los valientes griegos ganaron la batalla, pero les demandó mucho más tiempo del que habían imaginado. Entonces, aparecía sobre el horizonte un grave problema. Si no llegaban a Atenas antes de que comenzara a hacerse de noche, corrían el riesgo de que sus mujeres, por desconocer la victoria, pusieran en práctica el plan B: matar a los niños y luego suicidarse. Ante esa situación claramente posible, el general ateniense Milcíades el Joven decidió enviar un mensajero para que llevara la noticia a las mujeres griegas. El elegido fue el hemeródromo (lo que hoy es un cartero) Filípides, acostumbrado a llevar los mensajes entre Atenas y Esparta, ciudades separadas por 160 kilómetros.

Aquí la historia toma dos caminos. Por un lado está la versión “de película”, que explica que Filípides, que había estado todo el día combatiendo, debió recorrer los 42,195 kilómetros que separaban a la ciudad de Maratón con el centro de Atenas. Su esfuerzo fue tal, que cuando llegó a destino cayó exhausto y, antes de morirse, solo alcanzó a decir una palabra: “νίκη” (-Níki- victoria en griego antiguo).

La otra alternativa la aportó el historiador Heródoto. Según sus conclusiones, Filípides no fue a Atenas, sino hacia Esparta, en busca de ayuda militar para evitar la invasión de los persas, quienes avanzaban a paso redoblado hacia Maratón, ubicada a solo 42 kilómetros de Atenas. Según Heródoto, Filípides corrió desde Atenas a Esparta en dos días, cubriendo un recorrido de 240 kilómetros.

A Pierre de Coubertin le encantó la propuesta de Breal, de que se incorporara a los flamantes Juegos Olímpicos una prueba en donde los atletas recorrieran los 42,195 kilómetros que unen Atenas con la localidad de Maratón. Después de algunas pruebas, cuyo objetivo fue analizar si no era riesgosa para la vida de los atletas, el griego Spiridon Louis se convirtió en el ganador de la primera maratón olímpica y héroe de los griegos en los Juegos de 1896. Como premio, recibió una copa de plata.

Por otro lado, existe un relato del escritor griego Plutarco (46-120), quien en su ensayo A la gloria de Atenas, le atribuye aquella carrera heroica a un guerrero llamado Thersippus o Eukles, y no a Filípides. Lo concreto es que no solo por Filípides existe la prueba de la Maratón, ya que en épocas en las que la única manera de informar novedades era acercándose en persona hasta el punto de destino, los soldados griegos eran excelentes corredores, y es probable que luego de la batalla de Maratón, todos corrieran hasta Atenas lo más rápido posible para evitar que los persas conquistaran sus costas, algo que finalmente lograron impedir.

Sea cual fuera la versión real, los Juegos Olímpicos y el atletismo en general, homenajean constantemente a aquellos héroes griegos; y recorrer la distancia de 42,125 kilómetros fue considerado, desde siempre, la competencia máxima para cualquier corredor.

Pablo Lisotto

Nació en la Argentina en 1975. Es Licenciado en Periodismo (TEA 1998). En marzo de 2006 creó www.damepelota.com.ar, por el cual recibió diferentes premios y reconocimientos (por ejemplo, fue invitado a los Juegos Olímpicos de Londres 2012). Actualmente cubre la actualidad de Boca Juniors para la sección Deportes del diario LA NACIÓN. Escribió seis libros: "50 Grandes Momentos de los Juegos Olímpicos", "50 Glorias del deporte olímpico", "50 Grandes Momentos de los Mundiales de fútbol" y "50 Grandes Momentos de la Copa América" (Al Arco, 2012, 2014 y 2015. Se pueden leer gratis en este sitio) y "Hazañas y Leyendas de los Mundiales" (Atlántida, 2014) y "Hazañas y Leyendas de los Juegos Olímpicos" (Atlántida, 2016). A fines de 2012 recibió una Mención Especial de ADEPA, en la categoría Deportes. Es especialista en Olimpismo y en Mundiales de Fútbol.

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