Los histéricos argentinos
Casi en el lugar más común de los comunes, tal vez el de la muerte como alguna vez vociferó el entrañable Eloy Martínez, el exitismo y el fracaso, y el blanco y negro se enfatizan a días del Mundial.
Están los pro-diego y los anti-diego, los que esperan el campeonato y los que esperan la desidia. Y claro, somos argentinos, histéricos, desenfrenados, luchando en la antinomia permanentemente, sin ir precisamente detrás de una idea, sino en pos de una posición de poder que nos permita, coloquialmente, demostrar cuán grande la tenemos.
Mientras, en el fútbol se dirimen los tópicos que impone la prensa, que también, porque no decirlo, exacerba los polos. Cambiasso sí, Cambiasso, no. Laterales, sí, Laterales, no. Barras bravas sí, hinchas que alientan, no.
Un amigo, fanático del fútbol me comentaba el otro día que tenía fe. Y me preguntaba sobre qué expectativas tenía. Rápido de reflejos le dije que podemos irnos en octavos, pero que también podemos salir campeones. Claro, pensó que le tomaba el pelo. Y me contestó que así era muy fácil acertar. Le dije: Tenemos las mejores individualidades para ser campeones, pero nos falta el equipo. Y pasé a ejemplificarle: Si tomo como referencia el último partido duro que jugamos (en Rosario ante Brasil), no sólo perdimos, sino que también cometimos errores infantiles que sólo un conjunto de individualidades puede cometer. Si hacemos memoria y un juicio de valor sobre los rivales de los últimos cotejos amistosos (Canadá, Haití, Jamaica y Panamá), nuestras estrellas marcaron la diferencia.
Ahora si me retrotraigo al Mundial ’90. Salvando las distancias y los jugadores, podemos, con un poco de fortuna, ganar algún que otro partido agónico, empatar otros, meter varios penales y gritar a los cuatro vientos… Qué la sigan mamando…
Y así vamos, para qué seguir discutiendo. Si Dios y el Diablo se abrazan y lloran y no sé a quién le apuntan. Porque hasta dónde yo sé hay buenos y malos, dioses y diablos, no otras figuras. Circo. Puro ciro. Para alimentar la histeria, el deber ser de ser argentinos.

