Los ingleses están en otra

Ya van dos fechas jugadas por Inglaterra y el futuro del equipo británico en la copa se avecina oscuro. En los diez años que llevo en el Reino Unido ya presencié dos mundiales y, por supuesto, me daba cuenta de la pasión inglesa por el fútbol. Los cantitos, las banderas, la rivalidad manifiesta. Igual que nosotros, yo creía.

Esto es lo que me pasó hasta ahora. El primer partido, por distintas circunstancias, lo vi un poco en el aeropuerto, otro poco en el tren, lo escuche en el taxi a casa, me lo perdí otro poco también. Inglaterra defraudó y poco más que eso me quedó de la experiencia.

Sí me llamó la atención la cantidad de residentes de origen extranjero que a pesar de lo que dicta su pasaporte británico, festejaban los goles de Estados Unidos. Y para mi mente poco acostumbrada al deporte, la idea de los yanquis derrotando a los ingleses en fútbol se me hace extraña. Como dijera Borges, perdonen mi ignorancia.

Para el segundo partido busqué resarcirme. No sólo lo fui a ver, sino que saqué entradas y me senté muy posesionada con mi nuevo rol de pseudo hooligan en el Hammermith Apollo, completamente rodeada de locales enardecidos. El teatrín por donde pasara David Bowie en su período de Aladdin Zane estaba ahora atestado de banderas blancas y rojas como si fuese el estadio de Wembley.

Si mi mamá tenía razón y para obtener las cosas hay que desearlas mucho, entonces los ingleses nunca más van a ganar un Mundial. Falacia o no, no se lo merecen. Yo crecí en un país donde cuando la albiceleste está en la cancha, se para absolutamente todo. Yo vi gente llorar, he ido a trabajar después de un partido y me he encontrado con euforia o depresión generalizadas, dependiendo claro, del último resultado.

Inglaterra jugó mal, vergonzosamente mal y no pudo ganar frente a un equipo inferior. Se les notaba el desgano, el haberse rendido un poco de entrada mientras los argelinos, menos hábiles, probaron todo. Sobre todo, defenderse. Pero nosotros también jugamos mal a veces. Lo que me parece preocupante es la respuesta del público inglés más que el desempeño del equipo de Fabio Capello.

Con 4.000 personas en la sala uno puede asumir que habría fans de todo tipo, y los había… fans de la cerveza, de todo tipo. Gente constantemente yendo y viniendo del bar, trasladando pintas de a cuatro, con los dedos cuan tentáculos metidos en los vasos, grupos dando la espalda a la pantalla como si lo importante sucediera en otro lado, otros festejando desaforadamente cuando el equipo casi metía un gol, o sea, cuando lo erraban.

Este ambiente es bastante nuevo para María Laura (y sí, ahora quiero hablar en tercera persona, como Maradona, para mimetizarme). Mucho me pierdo por no entender, estoy segura. Y hay que ver mi atrevimiento criticando lo que no entiendo. Ahora, lo que sí digo sin dudas de ningún tipo es que prefiero mil veces el fútbol en casa, y no porque seamos mejores, sino porque somos todo corazón y cuando Messi corre enceguecido hacia el arco, cuando Higuaín la patea con toda esa furia, cuando Tevez busca cómplice para hacer una jugada en el área, ése superávit de pasión que demuestran hace toda la diferencia.

Rooney salió a la cancha con el mismo compromiso que tiene un tipo que va a la oficina y si uno lo piensa un poco, nadie vuelve de la oficina con la copa del mundo.

Pablo Lisotto

Nació en la Argentina en 1975. Es Licenciado en Periodismo (TEA 1998). En marzo de 2006 creó www.damepelota.com.ar, por el cual recibió diferentes premios y reconocimientos (por ejemplo, fue invitado a los Juegos Olímpicos de Londres 2012). Actualmente cubre la actualidad de Boca Juniors para la sección Deportes del diario LA NACIÓN. Escribió seis libros: "50 Grandes Momentos de los Juegos Olímpicos", "50 Glorias del deporte olímpico", "50 Grandes Momentos de los Mundiales de fútbol" y "50 Grandes Momentos de la Copa América" (Al Arco, 2012, 2014 y 2015. Se pueden leer gratis en este sitio) y "Hazañas y Leyendas de los Mundiales" (Atlántida, 2014) y "Hazañas y Leyendas de los Juegos Olímpicos" (Atlántida, 2016). A fines de 2012 recibió una Mención Especial de ADEPA, en la categoría Deportes. Es especialista en Olimpismo y en Mundiales de Fútbol.

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