Al que opina diferente, golpes

Es muy triste lo que ocurre en la Argentina de estos últimos años.

Lejos de ser un lugar ameno en el cual pueden convivir distintas opiniones, el país se ha convertido en un sitio donde aquél que opina distinto es un hijo de puta, un mala leche, no sabe nada o bien, en el ámbito político, un «traidor a la patria».

El mismo día que el vicepresidente de los argentinos Julio Cobos expusiera en el Senado con argumentos más que válidos por qué no iba a votar a favor de la ley 125 que impulsaba el oficialismo en favor de las retenciones móviles al Agro, sucedió en Puerto Madero algo triste, cobarde, irrespetuoso y repudiable desde todos los ángulos.

En un evento organizado en el edificio Telecom, el atleta Martín Sharples fue arteramente agredido por personal de (in)seguridad, luego de que éste se pronunciara contra el presidente del Comité Olímpico Argentino (COA), Julio Casanello, acusándolo de ser «cómplice de la dictadura».

Apenas Casanello comenzó a hablar, Sharples empezó a cuestionarlo, y luego se dirigió al resto de los presentes: «Les pido a los dirigentes y a las federaciones que forman parte del Comité Olímpico Argentino que en nombre de los miles de torturados y desaparecidos destituyan del cargo a Cassanello».

De inmediato, la gente de (in)seguridad lo obligó a salir del lugar. Sharples, que sufrió la amputación de su pierna izquierda en 1993, cayó al piso y allí, en medio del tumulto, recibió golpes y patadas, mientras era arrastrado hacia la salida. Mientras tanto, adentro todo siguió como si nada: subieron la música y bajaron las luces.

«Vine aquí a hablar sólo de deporte«, dijo Cassanello luego del incidente. El secretario de Deportes, Claudio Morresi -que también tiene un hermano desaparecido-, estaba situado en la primera fila y sólo declaró: «En la vida, cada uno se tiene que hacer cargo de sus actos».

Dentro de ese triste marco en el cual quedó más que claro que Sharples no estaba muy errado en sus acusaciones, y que Cassanello, para callar a sus detractores, emplea armas similares a las usadas en la última dictadura, se realizó el acto de despedida a algunos deportistas olímpicos que nos representarán en los Juegos de Beijing.

Como hace poco opinó un lector de Dame Pelota en un post: «Todo muy lindo. Todo muy triste…»

Pablo Lisotto

Nació en la Argentina en 1975. Es Licenciado en Periodismo (TEA 1998). En marzo de 2006 creó www.damepelota.com.ar, por el cual recibió diferentes premios y reconocimientos (por ejemplo, fue invitado a los Juegos Olímpicos de Londres 2012). Actualmente cubre la actualidad de Boca Juniors para la sección Deportes del diario LA NACIÓN. Escribió seis libros: "50 Grandes Momentos de los Juegos Olímpicos", "50 Glorias del deporte olímpico", "50 Grandes Momentos de los Mundiales de fútbol" y "50 Grandes Momentos de la Copa América" (Al Arco, 2012, 2014 y 2015. Se pueden leer gratis en este sitio) y "Hazañas y Leyendas de los Mundiales" (Atlántida, 2014) y "Hazañas y Leyendas de los Juegos Olímpicos" (Atlántida, 2016). A fines de 2012 recibió una Mención Especial de ADEPA, en la categoría Deportes. Es especialista en Olimpismo y en Mundiales de Fútbol.

Un comentario en “Al que opina diferente, golpes

  • el 18 julio, 2008 a las 22:57
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    Uno con este post puede sacar varias conclusiones.
    Primero, me molesta eso de creer q lo q pasa en la Argentina con el tema de que uno tenga una opinión diferente es algo sólo nuestro. Esto pasa en todos lados, la opiniones en contra de los poderes cada vez son más censuradas en los medios tradicionales.
    Segundo, es muy bueno q hagas una nota sobre este hecho, porque la verdad q mucha gente (entre la que me incluyó) no lo sabía.
    Tercero, Cassanello es un caradura, fue intendente de Quilmes durante la última dictadura, yo lo tuve como profesor y el tipo nos quería hacer creer que en el COI es todo sano y no hay nada de corrupción. Fue presidente de la Conf. Argentina de Taekwondo y no sabe nada sobre dicho deporte. Lo puso ahí el fallecido Coronel Rodríguez, otro corrupto que la prensa cuando se murió nos quiso hacer creer que era un santo.
    Cuarto y último, me sorprende la actitud de Morresi, por su historia familiar ni siquiera tendría q presenciar un acto de esa índole.

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