Marcelo Gallardo, River, Boca y las enseñanzas de la derrota

La conferencia de prensa de Marcelo Gallardo en Tucumán es excelente. De principio a fin. No cualquiera da la cara en un escenario tan desfavorable como perder un campeonato en la última fecha, con el plus de que tu equipo era el puntero antes de empezar a jugar y el que se consagra es tu clásico rival.

«Lo más normal es perder más de lo que ganás. Le pasa a todos los mortales. Yo soy un DT que ha tenido una muy buena racha con momentos inolvidables. Hoy toca perder y seguro van a llamarlo fracaso. Perdimos el campeonato de una manera dolorosa, pero también lo pudimos ganar. Tuvimos las chances y no nos alcanzó. Ahora hay que seguir, no queda otra. Toca ganar y perder. Siempre«, destacó en la sala de conferencias del estadio Monumental José Fierro y afrontó con hidalguía la derrota.

Existe en su discurso similitudes con un viejo manifiesto de principios realizado hace muchos años por un colega y tocayo suyo: Bielsa. «Los momentos de mi vida en los que yo he crecido tienen que ver con los fracasos; los momentos de mi vida en los que yo he empeorado, tienen que ver con el éxito. El éxito es deformante, relaja, engaña, nos vuelve peor, nos ayuda a enamorarnos excesivamente de nosotros mismos; el fracaso es todo lo contrario, es formativo, nos vuelve sólidos, nos acerca a las convicciones, nos vuelve coherentes. Si bien competimos para ganar, y trabajo de lo que trabajo por que quiero ganar cuando compito, si no distinguiera qué es lo realmente formativo, y qué es secundario, me estaría equivocando.”, dijo el entrenador rosarino ante los alumnos de una escuela, poco después de la frustrante actuación de la selección argentina en el Mundial Japón/Corea del Sur 2002.

Gallardo expone justamente eso mismo. No se puede ganar siempre. Y está bien que así sea. Incluso, hay momentos en que el fútbol parece hacerlo a propósito, para dejar enseñanzas. “Se aprende en la victoria y en la derrota. Nosotros no vamos a cambiar lo que somos. Hoy nos toca asumir la responsabilidad y volver a empezar. Hay que saber ganar y perder, sin tirar la mierda para otro lado. Y convivir con la derrota aunque se equivoquen los otros», comentó, y cerró: «Yo la paso bien, mal, me enfermo… tengo todas las mismas cosas que los mortales. Y analizo los momentos que debo. Hoy tengo que digerir la frustración. Todos pasamos por estos estados de ánimo. Pero tengo la obligación de estar siempre convencido para bajar un mensaje”

No hay ninguna duda: ni el Muñeco, ni sus jugadores, ni mucho menos sus hinchas o los periodistas que cubren la actualidad de River serán los mismos que hace cuatro días. Incluso, ya no son los mismos que antes de la inexplicable derrota con Flamengo, en noviembre pasado. El mensaje, en esos casos, es el mismo: nadie es invencible. Ni siquiera Marcelo Gallardo, a quien muchos lo han ubicado en un Olimpo que puede incluso desestabilizar al protagonista, si no fuera porque tiene los pies sobre la tierra. Algo similar ocurrió en Emiratos Árabes Unidos, con otro tropiezo de los que duelen: la eliminación por penales frente al ignoto Al Ain FC, en las semifinales de un Mundial de Clubes que River creyó que podía ganar antes de clasificarse a la final.

En cualquier tarea se puede ganar o perder, lo importante es la nobleza de los recursos utilizados, eso sí es importante; lo importante es el tránsito, la dignidad con que recorrí el camino en la búsqueda del objetivo. Lo otro es cuento para vendernos una realidad que no es tal. (Marcelo Bielsa, 2002)

El Muñeco también relativizó la influencia del árbitro en el desenlace de la Superliga. Él sabe que hay que convivir con el error humano. Forma parte. Y que cuestionar cuando el error perjudica y hacerse el distraído cuando el error favorece no es un buen mensaje. «Tampoco voy a entrar en detalles porque Patricio Loustau es uno de los mejores árbitros del fútbol argentino y se puede equivocar como cualquiera que lo hace cada fin de semana en nuestro fútbol. Pesa y duele porque es un partido decisivo, pero no le puedo caer«, fue lo único que dijo sobre el gol erróneamente anulado a Rafael Borré y las dos jugadas en las que todo River reclamó penal por supuestas faltas a Ignacio Fernández y Matías Suárez.

La derrota equilibra. Ubica. Desendiosa. Humaniza. Le pasó también a un prócer de Boca como Carlos Bianchi, con aquel 0-1 frente a Bayern Munich en la Intercontinental 2001 (“Ganamos la más difícil, contra el Real Madrid, y perdimos la más fácil”, suele decir el Virrey) y muchísimo más tres años después, en la final de la Libertadores 2004 contra Once Caldas. Con un detalle casi macabro: Boca no solo perdió por penales, como tantas veces había celebrado. Esa noche, en Manizales, sus jugadores no pudieron anotar ni uno, en una definición histórica.

Los agónicos triunfos de Flamengo en la Copa 2019 y de Boca en esta Superliga son puntos de crecimiento para River. Y al mismo tiempo sirven para agigantar muchísimo más lo logrado bajo la conducción de Marcelo Gallardo, el mejor entrenador de la Argentina en la actualidad y el DT más grande de la historia del club de Núñez. Resulta insólito que se siga hablando de “deuda pendiente” porque priorizó la competencia internacional (ganó la Sudamericana 2014, la Libertadores 2015 y 2018, fue semifinalista en 2017 y subcampeón en 2019) y como consecuencia no pudo consagrarse en un campeonato local. Aunque logró tres Copa Argentina (2016, 2017 y 2019) y una Supercopa Argentina (2017). 

El camino entre el éxito y el fracaso es mucho más frecuente de lo que puede imaginarse en el fútbol. No existen equipos que lo ganen todo durante un período amplio de tiempo. Ni siquiera el Barcelona de Pep Guardiola duró una década. Tarde o temprano, una derrota los interrumpe. Y no solo a nivel clubes. En la historia reciente le pasó a España, que después de ser campeón mundial por primera vez en Sudáfrica 2010 y bicampeón de la Eurocopa (2008-2012) se despidió en la etapa de grupos de Brasil 2014, incluido un estrepitoso 1-5 ante Holanda en el debut.

«Perdimos el campeonato, como teníamos la posibilidad de ganarlo. Jugamos nueve partidos, ganamos siete y empatamos dos contra dos rivales durísimos, que sacaron un plus para defender lo suyo. Y no nos alcanzó porque Boca, el rival que venía de atrás, también ganó casi todos los puntos. Creo que con rivales más accesibles y tuvo que hacer menos esfuerzos para conseguir esa cantidad de puntos. Pero si Boca es campeón, por algo es. Sacó más puntos que los que sacamos nosotros y ganó el partido que tenía que ganar, es así. Los felicito por este campeonato«, declaró, con una grandeza que debe imitarse. El que gana es solamente uno y eso no significa necesariamente que todos los demás hayan fracasado en el intento. 

Bielsa, en aquella charla con alumnos, concluía: “En cualquier tarea se puede ganar o perder, lo importante es la nobleza de los recursos utilizados, eso sí es importante; lo importante es el tránsito, la dignidad con que recorrí el camino en la búsqueda del objetivo. Lo otro es cuento para vendernos una realidad que no es tal

Aprender a perder. De eso se trata. En el fútbol y en la vida.

Pablo Lisotto

Nació en la Argentina en 1975. Es Licenciado en Periodismo (TEA 1998). En marzo de 2006 creó www.damepelota.com.ar, por el cual recibió diferentes premios y reconocimientos (por ejemplo, fue invitado a los Juegos Olímpicos de Londres 2012). Actualmente cubre la actualidad de Boca Juniors para la sección Deportes del diario LA NACIÓN. Escribió seis libros: "50 Grandes Momentos de los Juegos Olímpicos", "50 Glorias del deporte olímpico", "50 Grandes Momentos de los Mundiales de fútbol" y "50 Grandes Momentos de la Copa América" (Al Arco, 2012, 2014 y 2015. Se pueden leer gratis en este sitio) y "Hazañas y Leyendas de los Mundiales" (Atlántida, 2014) y "Hazañas y Leyendas de los Juegos Olímpicos" (Atlántida, 2016). A fines de 2012 recibió una Mención Especial de ADEPA, en la categoría Deportes. Es especialista en Olimpismo y en Mundiales de Fútbol.

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