Historias olímpicas: Jesse Owens, el hombre que le tapó la boca a Hitler

Este texto forma parte del libro «50 Grandes Momentos de los Juegos Olímpicos«, publicado en 2012 por Ediciones Al Arco, y auspiciado y repartido de manera gratuita por el Ministerio de Educación de la Nación en las escuelas primarias públicas. También podés leerlo online haciendo clic aquí.

La historia de Jesse Owens
(Crédito programa Runners – Fox Sports HD)

A lo largo de su historia, los Juegos Olímpicos dieron lugar a hechos tan disímiles como inesperados. Pero si de todas esas situaciones los amantes del deporte tuvieran que elegir solo uno, probablemente lo que pasó en las disciplinas de atletismo en Berlín 1936 sería elegido por la mayoría.

La ciudad germana había sido seleccionada como sede en mayo de 1931, más de un año antes del nombramiento de Adolf Hitler como Canciller de Alemania. El Führer aprovechó la instancia deportiva para demostrarle al mundo la magnificencia del nazismo y la superioridad aria alemana. Como una muestra de la grandeza del poderío alemán, el famoso dirigible Hindenburg sobrevoló el estadio olímpico momentos antes de la aparición de su líder, durante la ceremonia inaugural.

Pero ni Hitler, ni sus más fanáticos seguidores, imaginaron jamás que los acontecimientos deportivos podían refutar tanto su teoría de la supremacía aria. Y mucho menos que esa contundente muestra fuera en sus propias narices.

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El atleta estadounidense Jesse Owens, de raza negra, silenció a todos los alemanes cuando el 3 de agosto logró la medalla dorada en los 100 metros llanos, superando a su compatriota, y también afro, Ralph Metcalfe. Un día después, Owens dominó la prueba de salto en largo, después de, según uno de los tantos mitos de aquella inolvidable performance, unos cordiales y muy útiles consejos de su rival alemán, Luz Long. A la jornada siguiente, Jesse fue por más y se colgó otra presea de oro, esta vez tras ganar los 200 metros llanos.

Y para cerrar su paso por Berlín, el 9 de agosto ganó junto al equipo estadounidense la posta 4×100 metros. Cuatro oros en 6 días. Una marca que recién pudo ser igualada 48 años después, en Los Angeles ’84, cuando Carl Lewis sorprendió al mundo y comenzó a revolucionar al atletismo.

Jesse_OwensSuele decirse que aquella actuación consagratoria de Jesse Owens fue una suerte de humillación para los alemanes y para el régimen nazi. Sin embargo, Alemania fue un claro dominador del medallero, en un hecho sin precedentes en la Era Moderna de los Juegos, y que hasta ahora tampoco volvió a repetirse. Los germanos cosecharon ochenta y nueve preseas (treinta y tres de oro, veintiseís de plata y treinta de bronce), mientras que el segundo, que fue Estados Unidos, sumó cincuenta y seis (veinticuatro oros, veinte platas y doce bronces).

También se dijo que Hitler, molesto por las victorias de Owens, se negó a saludarlo durante la ceremonia de entrega de medallas. Lo cierto es que, después de aplaudir y felicitar a los dos primeros ganadores de medallas de esos Juegos, ambos alemanes, Hitler no repitió las felicitaciones con nadie más, ni siquiera con los propios germanos, por una supuesta recomendación de los dirigentes del ComitéOlímpico Internacional, quienes le habrían aconsejado: “O saluda a todos, o a nadie”, y el Führer optó por la segunda opción.

El propio Jesse Owens afirma en su autobiografía (The Jesse Owens Story, 1970), que recibió una felicitación oficial por escrito del gobierno alemán y que, tras la entrega de medallas, Hitler sí lo saludó: “Cuando pasé cerca suyo, el Canciller se levantó, me saludó con la mano y yo le devolví la señal”.

Como era de esperar, Owens fue ovacionado por las más de 110.000 personas que habían copado el Estadio Olímpico de Berlín y, más tarde, muchos germanos le pedían autógrafos cuando se lo cruzaban por la calle. Incluso, durante su estadía en suelo alemán, a Owens se le permitió viajar y hospedarse en los mismos hoteles que los blancos, lo cual en ese momento parecía una broma de muy mal gusto y plagada de ironía puesto que, en los Estados Unidos, los afroamericanos no tenían igualdad de derechos con respecto a los blancos.

Como broche de la ridiculez reinante por entonces en el mundo, el entonces presidente de Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, no lo invitó a las celebraciones en la Casa Blanca, porque estaba en plena campaña electoral para lograr la reelección, y precisaba el voto del sur estadounidense, claramente segregacionista. Poco después de su gran hazaña en Berlín, Jesse Owens volvió a Estados Unidos y a su trabajo habitual: botones del hotel Waldorf-Astoria.

En su libro, Owens resume la paradoja que le tocó vivir en menos de un mes: “Cuando volví a mi país natal, después de todas las historias que me habían contado sobre Hitler, no pude viajar en la parte delantera del colectivo, volví a la puerta de atrás y no pude vivir donde quería. Y si bien es cierto que no fui invitado a estrecharle la mano a Hitler, tampoco fui invitado a la Casa Blanca a darle la mano a mi presidente”.

 

Pablo Lisotto

Nació en la Argentina en 1975. Es Licenciado en Periodismo (TEA 1998). En marzo de 2006 creó www.damepelota.com.ar, por el cual recibió diferentes premios y reconocimientos (por ejemplo, fue invitado a los Juegos Olímpicos de Londres 2012). Actualmente cubre la actualidad de Boca Juniors para la sección Deportes del diario LA NACIÓN. Escribió seis libros: "50 Grandes Momentos de los Juegos Olímpicos", "50 Glorias del deporte olímpico", "50 Grandes Momentos de los Mundiales de fútbol" y "50 Grandes Momentos de la Copa América" (Al Arco, 2012, 2014 y 2015. Se pueden leer gratis en este sitio) y "Hazañas y Leyendas de los Mundiales" (Atlántida, 2014) y "Hazañas y Leyendas de los Juegos Olímpicos" (Atlántida, 2016). A fines de 2012 recibió una Mención Especial de ADEPA, en la categoría Deportes. Es especialista en Olimpismo y en Mundiales de Fútbol.

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