Patitos de feria

El fútbol vive inmerso en un clima violento, en el cual cualquiera que tenga dos gramos de cerebro y piense antes de ir a la cancha, no sabe a ciencia cierta si vuelve a su casa sano y salvo o no.

Decisiones dirigenciales ridículas (prohibir la entrada a hinchas visitantes, en el caso del fútbol de ascenso) o directamente payasescas (que exista el derecho de admisión en Provincia y no en Capital), no solucionaron nada.

Pero para colmo, suceden hechos que ya se convirtieron en habituales, comunes, que son interpretadas como «parte del folklore» y ya nadie las cuestiona, a pesar de lo gravísimo que pueden llegar a ser, y que sólo por milésimas no se convierten en tragedia.

Los futbolistas ya no pueden ir a ejecutar un corner sin ser escupidos de pies a cabeza por los hinchas del equipo rival. Esto se agrava en estadios con el alambrado muy cerca de la línea de cal, tal es el caso de la Bombonera, por poner un ejemplo de estadio de equipo grande.

Tampoco los expulsados pueden retirarse sin custodia policial, ni el DT rival puede llegar al banco de suplentes sin que le arrojen, además de los escupitajos, botellas, vasos, hielos y demás objetos contundentes.

Más de uno pensará que esto sucede en situaciones puntuales, cuando hay algo en juego. Pero no. Sin ir más lejos, hace menos de un mes, Lucas Castromán fue a ejecutar un corner en el Boca-River de Mar del Plata, y recibió desde la popular de River un botellazo en el hombro, lo cual provocó que el ex delantero de Vélez tuviera que dejar su puesto en la cancha. O sea: Por un botellazo, Boca debió hacer un cambio inesperado (y esto está más allá de si Castromán estaba jugando bien o no).

El problema también trasciende las fronteras argentinas. Anoche, las autoridades de Unión Maracaibo decidieron regalar entradas por doquier para llenar la cancha. Pero además, a los 10 minutos del partido contra Boca, los organizadores abrieron las puertas del estadio, al cual entraron decenas de miles de hinchas sin entradas, que lógicamente agotaron y excedieron su capacidad.

Por lógica física (más peso que el que soporta la estructura), tranquilamente pudo haberse venido abajo una tribuna. No sucedió eso, pero flotaba en el aire la sensación de que algo iba a pasar. Y pasó: Un hincha del Maracaibo vio la chance, y aprovechó una subida en la marea humana tribunera y se mandó al campo de juego y abrazó fuertemente a Riquelme. Tan fuerte que lo «despegaron» entre cinco policías…

¿Qué hubiera pasado si el hincha venezolano iba en busca de Riquelme con un cuchillo? ¿Y si a Castromán el botellazo veraniego le pegaba 15 centímetros más a la izquierda, precisamente en la nuca? ¿Y si los plateístas de Boca (esos que pagan las entradas más caras de la Bombonera para comportarse como cavernícolas) un día de estos le arrancan un ojo a un DT rival de un hielazo?

Por milésimas (de puntería, de tiempo, de fortuna), el fútbol todavía no sufrió una víctima.

Mientras tanto, los futbolistas y los técnicos siguen como si nada. Como si fueran patitos de feria.

Pablo Lisotto

Nació en la Argentina en 1975. Es Licenciado en Periodismo (TEA 1998). En marzo de 2006 creó www.damepelota.com.ar, por el cual recibió diferentes premios y reconocimientos (por ejemplo, fue invitado a los Juegos Olímpicos de Londres 2012). Actualmente cubre la actualidad de Boca Juniors para la sección Deportes del diario LA NACIÓN. Escribió seis libros: "50 Grandes Momentos de los Juegos Olímpicos", "50 Glorias del deporte olímpico", "50 Grandes Momentos de los Mundiales de fútbol" y "50 Grandes Momentos de la Copa América" (Al Arco, 2012, 2014 y 2015. Se pueden leer gratis en este sitio) y "Hazañas y Leyendas de los Mundiales" (Atlántida, 2014) y "Hazañas y Leyendas de los Juegos Olímpicos" (Atlántida, 2016). A fines de 2012 recibió una Mención Especial de ADEPA, en la categoría Deportes. Es especialista en Olimpismo y en Mundiales de Fútbol.

Un comentario en «Patitos de feria»

  • el 5 marzo, 2008 a las 13:31
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    Tenés razón en todo lo que decís.
    Hasta que los dirigentes no hagan algo, seguiremos igual. TODOS sabemos cuál es el problema, TODOS hacen nada.

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