Cassius Clay (Muhammad Alí)


Cassius Marcellus Clay es sinónimo de boxeo en su máxima pureza. Su destreza dentro de un cuadrilátero está alejada completamente del negocio en el que se ha transformado ese deporte por estos días. En aquella época, se peleaba «por amor al box». Y el estadounidense fue el mejor por varios cuerpos de ventaja.

Como toda figura, Clay, no obstante, no vivió lejos de la polémica. Cuando decidió adoptar la religión musulmana, se transformó en Muhammad Alí, nombre con el que hizo historia y quedó para siempre en la memoria de los amantes del boxeo y el mundo del deporte en general.

Nacido el 17 de enero de 1942 en Louisville, EE.UU., Clay comenzó a coquetear con la fama luego de los Juegos Olímpicos de Roma, en 1960, donde obtuvo la medalla de oro de los pesos semipesados con tan sólo 18 años.

Al poco tiempo comenzó su carrera profesional y a los 20 años se coronó campeón del mundo, en la categoría de los semipesados. A medida que defendía su corona descubrió que no había rivales que pudieran hacerle frente, por lo que engordó y probó suerte en la máxima categoría.

No tardó demasiado en consagrarse campeón de los pesados ante Sonny Liston y, meses más tarde, gritarle al mundo: «Soy el más grande», segundos después de noquear al mismo rival en apenas dos minutos de combate.

Clay defendió de manera brillante su corona y fue imbatible. Pero en 1966 derrotó al boxeador blanco Jerry Quarry en el Madison Square Garden de Nueva York y a su clásico grito de: «Soy el más grande», le agregó un: «…nadie de esa raza desteñida podrá ganarme jamás». Y el máximo representante del Black Power lo pagó caro: las autoridades del boxeo estadounidense le prohibieron subirse a un ring.

Y como si esto fuera poco, Alí se negó a viajar a la guerra de Vietnam, aludiendo que él no se enfrentaría a sus «hermanos asiáticos que luchan por liberarse», poniéndose del lado de la América «rebelde», de la cual fue un símbolo.

En 1970 se le levantó la prohibición, por lo cual Clay regresó al box. Y aunque la vuelta fue con tres derrotas consecutivas, terminó ese año como campeón del mundo nuevamente, tras liquidar a Joe Frazier. Cuatro años más tarde perdió la corona contra el mismo rival, pero la volvió a recuperar en una inolvidable pelea ante George Foreman, realizada en la inédita ciudad de Zaire.

A los 38 años, Alí intentó recuperar por cuarta vez la corona, pero perdió con Larry Homes y le puso punto final a su brillante carrera a mediados de 1980.

Las paradojas del destino hicieron que al «hombre más fuerte del mundo», alguna vez comparado con «Superman», lo derrote una enfermedad larga e incurable: el Mal de Parkinson, que le fue diagnosticado en 1984. Hoy, las apariciones públicas de Muhammad Alí son esporádicas. Quizás la más recordada entre las últimas fue cuando encendió la llama olímpica en la apertura de los Juegos de Atlanta ´96.

A pesar del terrible sufrimiento que vive, Cassius Clay (o Muhammad Alí, como se prefiera llamarlo) fue, es y será el mejor boxeador de la historia y una merecida gloria olímpica de todos los tiempos.

Pablo Lisotto

Nació en la Argentina en 1975. Es Licenciado en Periodismo (TEA 1998). En marzo de 2006 creó www.damepelota.com.ar, por el cual recibió diferentes premios y reconocimientos (por ejemplo, fue invitado a los Juegos Olímpicos de Londres 2012). Actualmente cubre la actualidad de Boca Juniors para la sección Deportes del diario LA NACIÓN. Escribió seis libros: "50 Grandes Momentos de los Juegos Olímpicos", "50 Glorias del deporte olímpico", "50 Grandes Momentos de los Mundiales de fútbol" y "50 Grandes Momentos de la Copa América" (Al Arco, 2012, 2014 y 2015. Se pueden leer gratis en este sitio) y "Hazañas y Leyendas de los Mundiales" (Atlántida, 2014) y "Hazañas y Leyendas de los Juegos Olímpicos" (Atlántida, 2016). A fines de 2012 recibió una Mención Especial de ADEPA, en la categoría Deportes. Es especialista en Olimpismo y en Mundiales de Fútbol.

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